Juan Gronemeyer, baterista y percusionista de Chico Trujillo y La Floripondio: “Nos hace más feliz tocar en un bar de 200 personas, 100 personas con Floripondio que tocar en festivales grandes”

Es interesante observar el tránsito y la trayectoria musical que han desarrollado las bandas que actualmente son un referente dentro del campo artístico nacional. Sin embargo, cuando se toma en concreto a Chico Trujillo y La Floripondio puede que este ejercicio aporte una especificidad al poder efectuar una comparación entre las dos agrupaciones distintas, considerando que la mayoría de sus integrantes comparten la membresía en ambas bandas. Una, con un ‘ethos’ pachanguero masivo, bailable y ‘folclorizante’; la otra, con discurso más combativo y sonido más crudo que responde a una escena particular son las dos caras que estos músicos han sabido administrar con éxito, no obstante puedan existir críticas en medio de esta tensión de ser más ‘Chico’ o ser más ‘Flori’.

Ruido Molesto habló con Juan, baterista y músico de ambas bandas, para entender el fenómeno Chico Trujillo y la persistencia de La Floripondio, junto con compartir anécdotas y reflexiones en torno a determinados temas públicos. Si por medio de su relato va quedando relativamente claro la posibilidad que existe para llevar adelante responsabilidades en los dos casos y también la necesidad de formar una identidad y una alteridad enclave musical, el cuadro entre Chico Trujillo y La Floripondio se nos asemeja al proceso que experimentó el doctor Jekyll y el señor Hyde. Pero en la relación entre ‘Chico’ y ‘Flori’ ¿Quién es Jekyll y quién es Hyde?

¿En qué está La Floripondio? Los veo más detenido que el trabajo que han hecho con Chico Trujillo.

Sí lo que pasa es que en el momento que apareció Chico Trujillo automáticamente Floripondio quedó un poco relegado por razones un poco obvias, por el éxito, el fenómeno, lo que involucró las mismas fechas, la demanda que tenía Chico Trujillo es mucho más entonces y como somos los mismos…

No es su totalidad

No en su totalidad, sí. Lo que yo siempre agradezco, que es una bendición, es que el por ejemplo el Macha está en las dos bandas por lo tanto nunca se toparon las fechas de las dos porque, si el no fuera el que corta el queque digamos en las dos tocatas, se chocarían a veces y hubiera habido ese problema. En cambio él nunca iba a decir a una tocata de Flori que sí sabiendo que tenía a Chico o algo viceversa. Entonces automáticamente yo me relajo en ese sentido, puedo militar tranquilamente en las dos bandas. Y bueno, 20 tocatas de Chico, una de Flori; lo digo con un poco de pena, pero también Flori es una banda que tuvo su desgaste heavy. Muchos años tocamos y tocamos mucho y viajamos mucho sin ganar ni uno quizás y nos cansamos harto también al tener ese ritmo de tocar mucho y nos gratificaba mucho el espíritu y todo, pero las lucas no llegaban. Entonces llega este otro proyecto más popular, Chico Trujillo, y…

Cambió la figura completamente

Pero lo bueno de todo esto es que la Flori sigue viva, no ha muerto. Estamos ensayando, haciendo temas siempre. Hace un par de semanas estuvimos en Valparaíso grabando un tema nuevo.

¿Un tema nuevo? ¿Pero viene con algún trabajo más?

Lo que pasa es que con los ensayos van saliendo ideas, maquetas, qué sé yo. Y de a poco lo vamos grabando por pedazos y llega un momento donde se cuaja todo en un disco.

Hay un tema que igual es importante para La Floripondio porque lo que dio o lo que está dando Chico Trujillo, ¿alcanza para trabajar más relajado o con más recursos para La Floripondio o los dineros son divididos aquí?

El tener el sustento económico que da Chico Trujillo permite trabajar con Floripondio así, con libertad total creativa. Podemos seguir manteniendo, una banda donde creamos y no pensar en ser popular y masivos. A nosotros nos hace más feliz tocar en un bar de 200 personas, 100 personas con Floripondio que tocar en festivales grandes, llenar salas grandes. Somos una banda que parece que nos dimos cuenta que a veces cuando tocamos en lugares grandes terminamos más achacados, no lo pasamos bien. Pero en lugares íntimos, donde sonamos casi por los equipos y la gente está al lado asomándose y pegándose patadas con nosotros…

Un poquito lo que decía Sumo. Luca Prodan decía que a él le gustaba tocarle la mano a la gente a diferencia de tocar en estadios grandes.

Claro. Esa transpiración, esa energía de la gente al lado nos motiva mucho más y nos mantiene con las aguas separadas de que con Chico podemos tocar en el estadio nacional lleno y hacemos bailar a todo el estadio y vamos a salir airosos y felices, vamos bien y todo, pero Floripondio preferimos lugares underground.

¿Cómo fue ese cambio drástico de tocar desde lo underground a lo masivo? ¿Te afectó o te favoreció en lo personal?

Me ha favorecido totalmente porque, como te digo, si separamos las aguas somos casi los mismos músicos al final. Yo siempre he dicho que tocar en una misma noche Floripondio y Chico Trujillo me complica un poco porque yo me mentalizo, para las dos soy como dos Juanitos (risas). En Chico tengo la responsabilidad en la máquina rítmica de que estimula el baile netamente, de que quiero hacer bailar, es mi objetivo, y generar fiesta. En cambio yo en La Floripondio me transformo en un demente y quiero buscar la demencia y el viaje psicotrópico y la locura, el desenfreno y alcohol, drogas, sexo y rock and roll.

Pero cómo percibes el cambio de escena de la señora que baila con el niño al punk que está dándole con todo.

Es una locura. Está claro que con Floripondio a mí se me acota el rango generacional del público. Yo estoy claro que con Flori, desde 17 años a 35, 40 o un poco más de 40. Sé que ese es el rango. Yo con Chico estoy claro que les gusta a mis hijos, a mis amigos y los papás de mis amigos. Entonces abarca más generaciones. Se abrió una puerta gigante, una weá que yo…quería tocar para más público también.

Han recibido críticas por parte de la escena de Floripondio de vendidos o comercializados.

Sí. Todo el rato, todo el rato. Yo creo que hay dos tipos de gente: los ‘floripondianos’ ortodoxos, que están así como cerrados como un caballo que va y no acepta, pero también hay otros ‘floripondianos’ que dieron su brazo a torcer y les encanta la cumbia también. Hay un montón de punketas que son fanáticos de Miserables, Fiskales, qué sé yo, pero van felices igual a ver a Chico a bailar cumbia, les encanta la cumbia también y nuestros inicios con Chico también era tocar en locales punkies. Cuando fuimos a Europa el primer año tocamos en puras casas okupas, puros punkies. Yo creo que ahí también nos curtimos.

Hoy día es impensable que en una fiesta no suenen en la radio

Pasamos a la historia, Chico ya está posicionado.

Viña, la tv y la cuota para la música nacional

Ustedes han ido a muchos festivales, pero siempre le han dicho no a Viña, ¿qué pasa con ese escenario?

Es que Viña es un festival que lamentablemente se transformó en un show televisivo. Es netamente un show pensado para la tele en base al rating y la farándula, juegos que a nosotros no nos gusta jugar con esos temas. Que el matinal, que el seguimiento, que el rating entonces al final si no vamos a la tele porque vamos ir a ese festival, es tele, y a nosotros no nos gusta la tele, le tenemos una suerte de fobia. La tele también siento que si le damos la mano te toman el codo, te empiezan a cachar tu vida privada entonces lo encontramos fome.

Pero es tentativa la suma.

Es tentativa. Hay caleta de palos que te ofrecen y todo, pero vivimos tranquilos. Tenemos un montón de pega todo el año sobre todo el verano nos hacemos pebre tocando en montones de festivales eso te va para vivir tranquilos, no necesitamos más tampoco. El festival es como una sobre exposición y muy metida la tele.

¿Qué te parece la discusión que se abrió sobre la cuota del 20 por ciento para la música nacional en la radio hace un par de años taras?

Sabes que no me he cuestionado mucho el tema. Tengo noción que por ejemplo hay países que tienen un porcentaje mucho más alto, no sé, Brasil, cuánto será el porcentaje de Brasil. Yo soy un amante de la música del mundo, tengo una colección impresionante de música africana, de la India, Indonesia, de Japón, de México, bueno. Por mí debería ser tocar música de más países, no solamente yanquilandia y Chile, no sé si me explico.

La música tiene que sonar porque es buena, no porque es chilena, ¿qué piensas de eso?

Exactamente. Por ahí va la cosa. Más que forzar, 20 por ciento de música buena. Ese debería ser el eslogan y también debería ser un porcentaje de música de países exóticos, no tenemos por qué regirnos por música que viene de Estados Unidos en inglés, todos saben un montón de idiomas, músicas instrumentales mortales no sé, el afrobeat de Nigeria por qué no suena en la radio. En Europa, en Estados Unidos vas haciendo zapping y te encuentras con radio de música filete de otros lados exóticos y no todo es de ahí, bueno. Pero igual 20 por ciento es la nada. Yo voy a estudiar y hazme esta pregunta en dos semanas más (risas). Dejémoslo pendiente.

Se han dado quiebres importantes, pero también han surgido cosas nuevas en relación a los sellos discográficos. Ustedes son más del lado independiente, graban sus propios vinilos, graban sus propias cosas, pero no lo hacen en Chile. ¿Por qué salen afuera a grabar? ¿Sintonizan con los sellos nacionales?

Mira, los vinilos que tenemos nosotros han sido al final grabados en Chile, el master digamos. Sólo que ahí se edita, se produce el vinilo porque aquí en Chile no hay cómo hacerlo, sale carísimo. Por ejemplo, ahí tenemos un vinilo de Chico que hicimos en México ahora último y tenemos los otros que son hechos en Alemania, allá la mano de obra es más barata. Entonces, al final grabamos acá en Chile, pero se hacen los vinilos allá. Y la última excepción fue Gran Pecador de Chico Trujillo que grabamos un par de temas en Estados Unidos porque se dio la mano en estudio análogo y grabar como a la antigua usanza.

Giras y experiencias

Ustedes son una banda que les ha resultado eso. ¿Qué recomendación le harías a una banda emergente que quiera hacer lo mismo? ¿Cuál sería el punto clave para no equivocarse con la autogestión?

Es complicado porque al final es una serie de engranajes. De partida, tener buena onda entre los músicos es fundamental. Si estás haciendo weás pensando en que tú eres más que el otro, está todo mal. Hay que tener una paciencia, eso te lo dan los años nomás, y la humildad y no creerse tanto el cuento de que ‘soy un rockstar’ y esa weá te va a funar, no te va a durar el grupo nada. Yo el próximo año cumplo 20 años tocando en Floripondio, ¡20 años! ¡Imagínate, más que la chucha! (risas) Y los chiquillos ya estaban tocando antes obviamente, yo no soy fundador de Flori. Y con Chico, del ’99, ahí soy de los fundadores con el Macha, el Tuto y yo. Puro paciencia, entenderse, los viajes nos curten mucho porque tienes que aprender a convivir con tu compañero en momentos extremos. Las primeras giras son siempre paupérrimas, pasas hambre, frío, te las caminas todas. Vuelves a Chile a pagar deudas de tu viaje, a pagar los cheques. Es como una pesadilla, pero si superas eso superas todo. Y creerse el cuento también, si lo haces con amor y con entrega, te va a salir.

 Con todas las giras a cuestas, ¿cuánto se sabe de Chile en realidad afuera?

Los primeros viajes era una desconexión absoluta porque estábamos sin internet, no había internet. Por ejemplo, el ’99 tres meses en Europa, en Holanda, entripado todo el día, volado todo el día; en Austria, Alemania, sin internet te olvidas de Chile, no sabías nada.

¿Y cuánto de la prensa extranjera habla de Chile o no pasa nada?

Es que en esos años, cosas más grandes se saben igual. Te encuentras con los chilenos y todos. Pero ahora se sabe todo rápido por internet, lo último.

 

Y desde el ’99 a la fecha, ¿cuánto sintoniza Europa con nosotros en la calle, en los amigos, en los festivales a los que van?

Depende del circuito, depende de la noticia, hay varios factores. El otro día estábamos en Argentina, por ejemplo, conversando un amigo agarra el celular y dice: ‘Oh, hay un incendio en Valparaíso’. Nos estábamos informando de todo por internet, la rapidez que tienen las redes sociales.

¿Asumen un compromiso como banda conocida ante los problemas sociales que se han manifestado?

Hay su compromiso. Hacemos tocatas cada cierto tiempo en beneficio de entidades culturales de poblaciones. Imagínate la chorrera de pedidos de tocatas a beneficio que nos hacen, que mi hija tiene tal enfermedad o que pasó este accidente a tal persona, pero como que no podemos decir sí a todo, sería un desgaste demasiado. Así que lo que hacemos sería privilegiar el hacer eventos para que tenga beneficio directo una comunidad. Así lo hacemos, en las navidades tocamos aquí y allá, regalando juguetes, bueno un montón de leseras que hacemos off the record, sin prensa, piolita, el que sabe, sabe. Y montones de otras tocatas a la causa mapuche, para los estudiantes.

¿De dónde viene el nombre Chico Trujillo? Porque hay miles de mitos.

Se le ocurrió al Macha.

 ¿Pero no hay historia detrás de esto?

No hay ningún Chico Trujillo, nadie, nadie, nada. Algunos pensaban que era algo de Valentín Trujillo. En un montón de lugares al Macha creen que él es Chico Trujillo entonces una vez el Macha fue al banco a arreglar un tema qué sé yo, fue indignado a hablar con el gerente de no sé qué banco porque había un problema con unos cheques, no sé qué atado, bueno la weá es que lo atendió el gerente, le abrió la oficina: ‘Señor Trujillo, buenas tardes’ (risas).

¿Qué se viene con Floripondio?

Con Flori, vamos a tocar en Coyhaique el nueve de septiembre y estamos felices

Por: Ignacio Orellana – Fotografía Portada: Álvaro González – Fotografias Interior: Archivo Ruido Molesto.

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